Ambiente alborozado, inquieto y persistente en mi mente; primera vez en ambas situaciones.
Cuatro metros cuadrados. Una litera, puerta de metal, compacta, rígida. Espejo de plástico pequeño;en el que no se ve a penas, baño cutre, rejas en la ventana de color azul marino.
Siempre había imaginado como serían las dos situaciones;esta en especial... experimentar con una mujer de mi mismo sexo. Llamaba mi atención.
Dormía y pasaba la mayor parte del día en esa habitación con ella.
En mi cabeza rondaba la idea de charlar y ¡decírselo de una vez! Que necesitaba experimentar ese acto, que me invadía el cuerpo de deseo, que casi podía soñar con ello de la excitación que me provocaba aquella postura... Así que en un episodio de valentía y sin pensarlo, nerviosa, pero con ganas; decidí comentárselo:
-¿Sabías que nunca lo he hecho con una chica?
A lo que me respondió:
-¿Y te gustaría probarlo?
Pensaba que me estaba volviendo loca, lo típico de tierra trágame, conjuntado con todo tipo de sentimientos de rubor que existían y los que quedan por existir...
Tragando saliva y casi sin aliento, como si hubiera corrido 1000m lisos... Le dije:
-Sí.
Me contestó en palabras textuales muy concisa, clara y directa:
-¡Me encanta la idea!
¡Había determinado dar el gran paso de perder la virginidad con una mujer!
No obstante, esa noche cada una siguió su rumbo pensante... Sin planificar, sin determinar nada.
Suena la sirena, todas a sus puestos. Limpieza rápida de la habitación, vestimenta y a desayunar, después ducha comunitaria.
Ella tonteaba con todas y yo; no podía evitar encelñarme, aún sin tener ningún tipo de relación sentimental de pareja. Creía que mi fantasía no se llevaría a cabo.
Suena de nuevo la sirena, esta vez a mí favor. Subo las escaleras con entusiasmo y ansia...
Una vez juntas en la habitación, hacemos como si esa conversación no hubiera existido, no obstante, cruzábamos miradas... que desenredaron la circunstancia que hiciera que termináramos en la parte de arriba, en esa litera cachambrosa, del colchón de espuma, de diez cm. de ancho.
Mientras ella me observaba e intentaba convencerme de que todo iba a ser fácil, llevadero y sobre todo, un absoluto placer. Tocaba mis partes íntimas por encima de mi ropa mientras me besaba y empecé a olvidarme de dónde estaba. Me transporté. Sentía como me iba mojando poco a poco...me temblaban las piernas, muy sutilmente me quitó la ropa, hasta quedarme completamente como me trajeron a este mundo lleno de rarezas... Ella, aún vestida, comenzó por comerme y lamerme desenfrenadamente y literalmente el "coño".
Odio que me metan los dedos en mis partes, o eso pensaba aquel día; en ese momento no podía negarme a nada, todo era agrado y satisfacción. Lo hizo tan especialmente bien, que entré en delirio de placer...disfruté desmesuradamente ¡no podía creer que eso me llegara a hacer ver el cielo!
Después me tocaba a mí, claro, así que hice lo que pude... Imitando cada paso que había realizado, esforzándome frenéticamente por obtener una meta óptima. Logré que se excitara hasta el punto de casi terminar, pero no fui capaz Era principiante y virgen con una mujer.
Seguiamos viviendo juntas.
Obviamente volvió a pasar y cada vez disfrutábamos más del sexo, ya que no sólo se complacen dos mujeres, únicamente, "bajando al pilón". Hacíamos mil posturas, nos masturbábamos, iclusive, inventamos un vibrador con el motor de una radio, compresas y cuchillos de plástico. (Teníamos preservativos.)
Pero fue cayendo en decadencia nuestro... ¿Cómo lo podría llamar? ¿Amor opuesto, quizás? O como la canción, "Amor de manicomio", cada día era dispar, insólito, imprudente... En fin, veía absurdo el haberme acostado con ella y perdido esa parte tan bonita de mí. Teniendo en la cabeza a otra mujer, de la cual estaba locamente enamorada.
Soy bisexual.
Continuará...

