Mi nombre es Francisco Torrealba, nací en la ciudad de Guanare en Venezuela, desde hace 39 años, resido felizmente en esta mi casa.
Como muchos de ustedes, en varios momentos me pregunté quién soy, pregunta que surge por necesidad, por obligación o por circunstancias.
Recuerdo que la primera vez que esta pregunta llegó a mí, no tuve la voluntad, la intención, ni la conciencia para responderla, siempre le atribuí la edad a ello, para ese momento tenía alrededor de 12 años y estudiaba el bachillerato.
Me pareció intrascendente e innecesaria de responder.
Cuando inicié mi trabajo como oficial de policía, época para el cual despuntaban mis 18 años, en unas actividades de formación me hicieron la pregunta y pasados unos minutos de buscar en mi mente, el silencio fue la respuesta, por lo cual salí de allí con la decisión impostergable de responderla, creyendo que era algo sencillo de lograr.
Recuerdo que busqué un diccionario y consulté para poder responder, tratando de descubrir algún concepto sobre mí, pero todo lo que leía me era ajeno, abstracto y sin sentido, lo que motivó a consultar a mis padres, seres extraordinarios a quienes amo con mi vida y con los cuales vivía. "Eres un hijo maravilloso, un amante de la lectura, un chico de gran corazón”.
Todo lo que me dijeron sonaba bonito, alimentaba mi ego, bombardeaba mi alma de emoción, pero no me satisfizo. Sí, eso soy, para ellos, pero no sentía que fuese yo, aun así, cuando volví a hacer el ejercicio lo dije y logré risas y una que otra mofa, los cuales dieron tranquilidad a mi conciencia.
Años después leí sobre el tema, muy específicamente el libro “el proceso de convertirse en persona” de Carl Rogers, que me ayudó a entrar en una relación de búsqueda y me daba la tarea como responsabilidad personal, porque ser parte de cuatro hermanos, obliga a pensarte y analizarte para entenderte.
El resultado, en mí, de este libro, fue animarme a seguir buscando y consultando, pero caí en el error casi enfermizo de creer que todo estaba afuera, no logrando entender el mensaje de esta excelente obra, motivo que me llevó al internet, herramienta donde escuchaba videos de manera incesante.
Cansado de los videos, de escuchar cómo, cuándo o el dónde descubrir quién soy, me puse a leer biografías.
Encontré a Francisco Torrealba un gran mago, otro era un triste político o un héroe popular, desistí cuando escuché sobre un pirómano que llevaba mi nombre. Ninguno de ellos sentí que me identificaba y la verdad que algunos asustaban.
Luego de ello, abandoné mi búsqueda aunque deseaba responderla. A pesar de ello, seguí disfrutando de mis pasiones: la oratoria, la literatura, mi familia y hacer de mi ciudad la capital de la oratoria de Venezuela.
Un texto que me ayudó a entenderme, cometiendo el error de atribuírselo a Jorge Luis Borges, por no investigar bien, fue “Instantes”, muy especialmente aquella parte que dice: “si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores”.
Fue así, sin buscar que conseguí, sin definir conceptualicé y logré comprender que soy un eterno inconforme.
Con la paz que da la luz de la oscuridad y la melodía del silencio, entendí que soy un venezolano, devoto y creyente, cuya fe lo alimenta y sostiene, cuyos amores inspiran a “hacer siempre y en todo lo mejor”, que está casado con una mujer extraordinaria, que es padre de una niña maravillosa, que anhela estar siempre con los seres que ama, que disfruta el escribir y comunicar, por lo cual vive cada día con la satisfacción de saberse en construcción y sabiendo que aún no ha llegado a donde quiere, pero que cada día se acerca más.

